Lactancia materna

Baby blues: qué es y claves para superarlo

El Baby blues es un síndrome que aparece después del parto, generalmente, durante la primera semana. Se da en un 80% de las madres y suele remitir en 15 ó 20 días. Se caracteriza por tristeza, irritabilidad, angustia… Está causado por motivos físicos y psicológicos. No requiere tratamiento especializado, pero sí mucha empatía y comprensión por parte de la pareja y del resto de la familia.

La lactancia materna puede ser considerada una estrategia terapéutica muy efectiva en el tratamiento de la depresión, reduciendo el riesgo de convertir el baby blues en una tristeza postparto persistente que la preceda.

Sabemos que los suplementos como el selenio y los ácidos grasos -entre otros-, así como las pautas nutricionales, no han mostrado resultados suficientemente efectivos ni cuentan con evidencia científica que los respalde.

Sin embargo, sí sabemos que la lactancia exclusiva (e incluso el colecho) permite reducir la fatiga en la mamá, así como aumentar significativamente las horas y calidad de sueño durante la noche respecto a las madres que dan el biberón“, explica la experta en la materia Raquel Cabalga. Lo que revierte directamente sobre el bienestar y la actitud de la mamá, así como en su sistema hormonal, añade.

El cansancio, el estrés, el entorno, la falta de control sobre el tiempo o la ausencia del mismo para sí, la carencia de apoyo, la sensación de sentirse abrumada. “Todas estas situaciones son generadoras de malestar y procuran altos niveles de cortisol con un descenso drástico de prolactina, lo cual puede generar retos durante la lactancia por disminuirse la producción de leche“, puntualiza.

Asimismo, el cese de la lactancia de forma brusca por el mero hecho de diagnosticar una depresión postparto no parece ser la mejor estrategia cuando su mantenimiento no exacerba los síntomas relacionados con la misma.

De esta forma, si no se diera el caso contrario, recomendar el destete o prolongar el malestar de la mamá sin ningún tipo de intervención podría agravar la depresión por el descenso hormonal, ya no solo de prolactina sino también de oxitocina, estrógeno y progesterona, dificultando así la disminución del estrés, el apego y, por ende, la integración psicológica entre la misma y el bebé.

“Al igual que amamantar podría reducir el riesgo de depresión postparto hasta en un 50%, el riesgo aumenta a más del doble en madres primerizas con dificultad para iniciar y establecer la lactancia así como en mujeres que querían amamantar y no lo consiguieron“, recalca la especialista. Y es que la frustración y el sentimiento de pérdida, sin lugar a dudas, también pueden propiciar o agravar la situación.

Parece clara, entonces, la necesidad de brindar a las mamás todo el apoyo que les sea necesario, tanto en lo relacionado con la lactancia como en la gestión y adaptación al nuevo rol que ostentan. Contar con dicho apoyo por parte de la familia, el entorno y los profesionales sanitarios que la atienden es una de las primeras medidas de prevención, así como lo es el poseer toda la información necesaria para poder elegir con libertad el tipo de alimentación y crianza que quieren poner en práctica y así poder liderar su maternidad.

Según Cabalga, aunque todo esto no es posible y nos encontramos frente a la depresión postparto es importante “recordar que más allá de la psicoterapia, el apoyo del entorno y el tratamiento farmacológico, también existe el mantenimiento de la lactancia exclusiva y que interrumpirla sin valorar sus beneficios puede ser contraproducente”.



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