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Tratamientos de reproducción asistida para pacientes judíos

El judaísmo es una de las tres grandes religiones monoteístas, junto con el cristianismo y el islam. Es la más antigua de ellas. Pese a ser la que menos fieles tiene de estas, estos se cuentan por millones y se distribuyen ampliamente por la geografía mundial.

El rasgo principal de la fe judía es la creencia en un dios omnipresente y omnipotente, creador del universo. Eligió al pueblo judío para entregarle su ley, que se recoge en los Diez Mandamientos y en los libros tercero y cuarto de la Torá. Las instrucciones derivadas de estos textos son las que guían la vida de los judíos, pero hay grandes diferencias en la interpretación de estas.

Es importante mencionar que, a diferencia del cristianismo, en el judaísmo no existe una estructura jerárquica ni una figura de autoridad que determine las normas de comportamiento a seguir. Por tanto, ante dudas sobre si el uso de determinados avances tecnológicos es aceptable, se ha de consultar al rabino. Generalmente estas nuevas técnicas son aceptadas a no ser que haya una prohibición explícita en la ley judía.


Principios religiosos que respaldan las técnicas de reproducción asistida

Concretamente en el ámbito de la reproducción asistida, la mayoría de técnicas son aceptadas. Los principios son:

  • En primer lugar, el encargo que Dios le hizo a Adán: “sed fructíferos y multiplicaos”
  • Adicionalmente, el mantenimiento de la integridad familiar
  • Y en tercer lugar el mandamiento de la misericordia: se entiende que una pareja que no puede tener hijos sufre y por tanto es lícito usar los medios que estén a nuestro alcance para ayudarles.


En el estudio de la pareja, se ha de hacer especial énfasis en la mujer. El varón debe ser siempre el último factor a estudiar si los hallazgos en la mujer han sido normales, dado que no está permitido el uso de semen si no es con fines reproductivos. Llegado el momento del estudio seminal, la manera preferible de obtenerla sería intravaginal tras el coito. Otros métodos como el coitus interruptus o el uso de preservativos sin sustancias espermicidas podrían ser valorables, dejando la masturbación como última opción.


Procesos y técnicas de reproducción asistida aceptadas por la comunidad judía

Las técnicas de reproducción asistida son aceptables siempre que se haya constatado que no hay otra manera de conseguir embarazo. La inseminación artificial y la fecundación in vitro (FIV) con semen de pareja están permitidos.

Algunas parejas pueden presentar desconfianza y temor ante la incertidumbre de cómo será tratada la muestra seminal. Pueden llegar incluso a pensar que se puede añadir muestra ajena para mejorar los resultados de las técnicas. Para paliarla, es muy importante explicar:

  • La legislación de nuestro país
  • El tratamiento de las muestras en el laboratorio
  • Los procesos de identificación
  • Y sobre todo el generar una buena relación médico – paciente – rabino


En lo que respecta a los embriones sobrantes tras un tratamiento de reproducción asistida, existe cierta controversia. Pero en general su donación con fines de investigación o destrucción está aceptada. En la ley judía el embrión comienza a considerarse como entidad humana a los 40 días de desarrollo, y no antes.

El diagnóstico genético preimplantacional está permitido, para evitar el estrés que genera el tener un hijo enfermo. Pese a que en España no está permitido, en Israel sí se permite, bajo una serie de requisitos, el realizar DGP para la selección de sexo.


Postura judía frente a la donación de gametos o embriones

Con respecto al empleo de semen de donante hay mucha controversia. Se debe consultar al rabino antes de realizar cualquier técnica que lo incluya.

La comunidad judía acepta procesos como la donación de óvulos, así como la adopción de embriones . Se considera la madre a la mujer que recibe el óvulo donado. El hijo nacido fruto de esta técnica es considerado judío. En la ley judía, el aborto está permitido siempre que sea por riesgo vital materno. No obstante, en esta comunidad hay enfermedades genéticas graves relativamente frecuentes. Por ejemplo la enfermedad de Tay-Sachs, y se han descrito casos de interrupciones del embarazo tardías por esta razón.

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