Revisión Ginecológica

Es importante acudir al ginecólogo para llevar a cabo un examen anual completo desde el momento de inicio de las relaciones sexuales o a partir de los 25 años.

Esta revisión anual es la mejor garantía para descartar enfermedades de transmisión sexual o cáncer ginecológico. Permite un diagnóstico precoz y la prevención de factores de riesgo.

Una correcta revisión debe incluir:

  • Un estudio de su historial clínico.
  • Exploración clínica para conocer las posibles alteraciones del aparato genital femenino.
  • Citología cervicovaginal.
  • Ecografía

Métodos Anticonceptivos

Puedes utilizar numerosos métodos anticonceptivos, cuanto más informada estés, mejor. El uso adecuado de los mismos te dará la libertad de decidir cuándo plantearte la maternidad.

Los métodos contraceptivos son:

Impiden el paso de los espermatozoides hacia el útero, son los preservativos tanto masculinos como los femeninos, el diafragma, las esponjas vaginales y cremas espermicidas.

Medicamentos cuya función es impedir la ovulación. Están compuestos por dos hormonas semejantes a las que produce el ovario. Es un método seguro y cada vez con menos efectos secundarios:

  • La píldora anticonceptiva.
  • El parche contraceptivo.
  • El anillo vaginal.

El DIU es un pequeño dispositivo en forma de T que se coloca en el interior del útero y que impide la gestación. También puede llevar un depósito hormonal con gestágenos. La colocación del DIU suele hacerse durante los últimos días de la menstruación y mantiene su eficacia hasta cinco años.

En el caso de la mujer recurrimos a la “ligadura de trompas” o al ESSURE, que no requiere anestesia general ni ingreso hospitalario. Y en el caso del hombre a la vasectomía.


Chequeo adolescencia

Muchos de los problemas habituales de salud se pueden prevenir si cumplimos con nuestros chequeos periódicos, por lo que es recomendable comenzar con los mismos desde la adolescencia

En general, se recomienda que las chicas asistan a su primera visita ginecológica entre los 13 y los 15 años, o bien cuando empiecen a mantener relaciones sexuales. A través de esta primera visita, el ginecólogo comenzará una historia médica personalizada y enfocada a nuestra salud ginecológica.

Una vez realizada, es importante seguir recibiendo esta atención ginecológica una vez al año, pues será la mejor garantía para descartar enfermedades de transmisión sexual o cáncer ginecológico, al tiempo que permitirá un diagnóstico precoz y la prevención de numerosos factores de riesgo.

Tras haber iniciado una historia médica ginecológica, es conveniente que cumplamos con el chequeo ginecológico anual ya que son numerosas las ventajas que podemos obtener con ello: estaremos informadas de cualquier duda que podamos tener acerca de nuestra salud ginecológica, nuestro ginecólogo resolverá las inquietudes que podamos tener acerca de anticoncepción, reglas irregulares o dolorosas…

 

También nos informará sobre cómo prevenir enfermedades de transmisión sexual y nos ayudará a tener un estilo de vida saludable en lo que a la atención ginecológica se refiere.

 

Una correcta revisión debe incluir:

  • Un estudio de su historial clínico.
  • Exploración clínica para conocer las posibles alteraciones del aparato genital femenino.
  • Citología cervicovaginal.
  • Ecografía.

Preservación de óvulos

En la última década se ha duplicado el número de mujeres que deciden ser mamás a partir de los 40 años. La coyuntura laboral y económica, así como la dificultad de conciliar nuestra vida profesional y personal, son algunas de las principales causas que retrasan la maternidad.

 

Una vez que decidimos dar el paso para cumplir el sueño de ser madres, es posible que las probabilidades de llevarlo a cabo sean menores. Los motivos son diversos: nuestro cuerpo no responde igual que cuando nos encontramos en edad fértil, no somos capaces de producir óvulos o los que producimos no presentan la calidad suficiente.

 

Es por ello de gran importancia preservar nuestra fertilidad, siendo la preservación de óvulos una de las alternativas más aconsejables. Si sabemos que queremos ser madres y por circunstancias de nuestra vida personal o profesional queremos demorar ese momento, esta técnica nos ayudará a obtener las mismas posibilidades de embarazo que en el momento en que se congelan.

Se trata de la técnica que permite congelar nuestros óvulos cuando nos encontramos en edad fértil, por lo que se recomienda que, para mantener la calidad de los ovocitos, es mejor llevar a cabo esta técnica en pacientes jóvenes hasta 35 años.

Esta técnica está indicada por varios motivos y entre los más comunes están:

  • El deseo de preservar la fertilidad para posponer el momento de la maternidad.
  • Como forma preventiva y por motivos médicos, antes de iniciar tratamientos como quimioterapia o radioterapia, que puedan afectar a la capacidad fértil de la mujer.
  • Como método de previsión ante las posibilidades de embarazo en caso de baja respuesta ovárica

Un ciclo de congelación de óvulos es muy parecido a la primera fase de la Fecundación in Vitro (FIV) ya que en primer lugar se lleva a cabo un tratamiento hormonal que garantice el aumento de la cantidad de óvulos para conseguir el mayor número posible a la hora de la extracción de los mismos.

 

Una vez comprobada la calidad de los ovocitos extraídos, se vitrifican pudiendo permanecer en este estado durante años, hasta que la futura madre decida dar el paso hacia la maternidad.

Gracias a esta técnica, los ovocitos conservarán su calidad y potencial reproductor que tenían en el momento de la extracción y sin influir en la fertilidad de la paciente por haberse expuesto a este ciclo de estimulación ovárica.


Endometriosis

La endometriosis es una patología crónica que se caracteriza por dolor abdominal antes y/o después de la regla. Afecta a mujeres en edad fértil, siendo frecuente su inicio tras la aparición de la primera menstruación (menarquia).

Son numerosas las teorías que existen acerca del origen de la endometriosis pero aún no hay un consenso médico en cuánto al mismo.

 

Cuando se padece endometriosis, el tejido que recubre la cara interna del útero llamado endometrio (el cuál es “expulsado” durante el sangrado menstrual para formarse de nuevo durante el siguiente ciclo) se encuentra fuera de la matriz. Así, puede implantarse en las trompas de falopio, en los ovarios (formando en ocasiones quistes conocidos como “quistes de chocolate” por su contenido hemorrágico de coloración marrón), en la vejiga urinaria y/o asas intestinales, en la pared abdominal, e incluso en lugares más alejados de la zona pélvica, como el diafragma. Estos “implantes” extrauterinos pueden ser de diferente tamaño; de un solo milímetro o de varios centímetros.

Los síntomas mas comunes de la endometriosis son dolor antes y durante los periodos menstruales, dolor con relaciones sexuales y hemorragias fuertes o irregulares. Existen distintos grados, no estando relacionados con su “tamaño” o extensión. Es decir, pacientes con endometriosis extensa pueden no sentir dolor, y al contrario, pacientes con pequeños focos pueden sufrir dolor intenso.

 

El dolor, como síntoma clave, se basa en la irritación peritoneal a consecuencia del sangrado menstrual. De la misma manera que el tejido endometrial del interior del útero sangra (hacia el exterior de la cavidad), lo hará allí donde se halla localizado fuera del útero. Este sangrado, por tanto, será hacia el interior de la cavidad abdominal, y aunque estemos hablando de “gotas” de sangrado, es suficiente como para producir irritación peritoneal que causa dolor. En resumen, mientras ocurra todos los meses el ciclo menstrual de la mujer, el tejido endometrial se verá estimulado, allá donde esté localizado. Es por ello que esta patología se prolongará en el tiempo hasta que aparezca la menopausia, momento en que la mujer dejará de menstruar, o durante el embarazo, en el que también se interrumpen los ciclos menstruales.

El diagnóstico de la endometriosis está basado en los síntomas. Es por tanto necesario hacer un estudio exhaustivo del historial en toda paciente que consulte por dolor abdominal.

 

El tratamiento médico tradicional de la endometriosis es la terapia hormonal, que interrumpe el ciclo menstrual (estrógenos y/ progesterona) limitando la expansión del tejido endometrial. Este método es de utilidad para el alivio de síntomas de la endometriosis tales como los dolores asociados a la menstruación, los dolores pélvicos y la dificultad o el dolor durante el acto sexual. Existen diferentes pautas de administración (oral, intrauterina, intramuscular), según el estilo de vida de la paciente.

 

Otra alternativa en el tratamiento de la endometriosis es el uso de análogos de factores liberadores de hormona folículo estimulante y luteinizante. Cuando se administran durante un período de tiempo, estos medicamentos interrumpen la producción de estrógeno creando una menopausia provocada médicamente, pero que no elimina la posibilidad de quedar embarazada.

 

En ocasiones, y siempre guiado por la gravedad e intensidad de los síntomas, es necesario realizar un procedimiento quirúrgico menor denominado laparoscopia. Tras introducir un microscopio fototransmisor (laparoscopio) a través de una pequeña incisión en el abdomen a nivel umbilical, se puede llegar a un diagnóstico preciso, observando las lesiones (focos de endometriosis, adherencias y/o tejido cicatricial), evaluando su magnitud y extensión, y examinando el estado de los órganos adyacentes. Los focos de lesión son tratados durante el mismo acto quirúrgico, tras la oportuna toma de muestra que se analizará en el laboratorio de patología y nos dará la confirmación de los hallazgos de la enfermedad.

Se escuchan muchas teorías acerca de la endometriosis y su relación con la dificultad para concebir embarazo. Es recomendable la consulta ginecológica para poder llevar a cabo un diagnóstico correcto y encauzar la mejor terapia y no dejarse llevar por comentarios o publicaciones no avaladas científicamente.


Infecciones y picores

Las infecciones vaginales son producidas por microorganismos no adecuados para la flora vaginal. En condiciones normales, tanto la vagina como los genitales externos son ricos en microorganismos, la llamada flora vaginal. Cuando se alteran las condiciones normales de la misma, proliferan los microorganismos nocivos dando lugar a infecciones.

 

Existe la posibilidad de que sólo un miembro de la pareja esté infectado, pero hay que recordar que muchas de estas infecciones se transmiten vía relaciones sexuales, por lo que es aconsejable que ambas personas reciban atención médica, evitando así el contagio mutuo o incluso la posibilidad de contagiar a un tercero. Tampoco hay que olvidar la importancia del tratamiento de las infecciones vaginales en mujeres embarazadas, evitando su repercusión en el feto.

Los síntomas son diversos: irritación, inflamación, enrojecimiento e hinchazón en la zona, falta de lubricación, llegando en ocasiones a producir irritación o dolor en las relaciones sexuales y en el coito. El flujo vaginal puede variar en intensidad, tonalidad, e incluso producir un olor desagradable. No es infrecuente la inflamación, irritación y/o dolor de la vagina tras el acto sexual. En ocasiones puede llegar a manifestarse como molestias al orinar, pudiendo causar confusión con infección del tracto urinario, o siendo concomitante con la misma.

Las principales causas de las infecciones vaginales las resumimos a continuación:

  • Infecciones por hongos: siendo el más habitual la Cándida Albicans (de ahí la denominación del término médico Candidiasis). Dicho hongo se encuentra habitualmente en la vagina en un pequeño porcentaje y ante desequilibrios puede proliferar de forma desmesurada, aumentando el flujo y variando su consistencia (aumentando su espesor, filancia y tonalidad amarillo-blanquecina).
  • Infecciones por bacterias: las más comunes Estreptococo del grupo B (GBS), habituales y a tener en consideración especial en mujeres embarazadas (secreciones de color verde-amarillento); Tricomonas (Trichomonas Vaginalis) y Clamidias (Clamidia Trachomatis), ambas se contagian por relaciones sexuales (secreciones espesas y mas transparentes en tonalidad que las anteriores); Gardnerella (Gardnerella Vaginalis), también adquirida por contacto sexual (secreciones de color grisáceo); incluimos aquí también la sífilis y la gonorrea, menos habituales en nuestro entorno.
  • Citar también pediculosis: infecciones por parásitos de la piel, etc (ver apartado de “prurito genital”).

Ante la aparición de los síntomas mencionados, sobre todo si se presentan acompañado de flujos anormales, se recomienda una visita al ginecólogo para estudiar los síntomas y ofrecer un diagnóstico.

 

La exploración consiste en la visualización del estado de la piel y, por consiguiente, de la zona vulvar y vaginal. En algunos casos, ante la presencia de flujo anómalo (en cantidad, olor…), se procede a la toma de un cultivo de una muestra de secreción vaginal para poder llevar a cabo un diagnóstico mas exhaustivo del origen de los síntomas. Posteriormente se pautará un tratamiento antibiótico o antifúngico que conlleve a la desaparición de la infección.

El picor en la vagina es una molestia frecuente. Es una sensación de prurito, muy desagradable, que impulsa en ocasiones a un rascado involuntario que puede originar lesiones en la vulva.

  • Picor en la vulva.
  • Irritación.
  • Inflamación de los labios de la vulva, con enrojecimiento e hinchazón de la zona afectada.
  • Infecciones vaginales: muy frecuentemente producidas por hongos.
  • Sequedad vaginal: debido a la disminución de las secreciones vaginales, muchas veces relacionadas con la edad avanzada.
  • Dermatitis por contacto o alergia: generalmente consecuencia de agresiones producidas a la vulva, por ejemplo al utilizar ropa interior muy apretada y áspera al tacto, pantalones muy ceñidos, desodorantes o cremas que contienen sustancias químicas, etc. Todo ello puede llevar a la aparición de eccemas o reacciones alérgicas que causan un picor genital de intensidad variable.
  • Dermatitis seborreica: al igual que afecta a otras zonas del cuerpo, puede darse a nivel genital.
  • Alimentación inadecuada: consumo inadecuado de alcohol o azúcares refinados, que pueden favorecer la aparición simultánea de infecciones genitales (hongos).
  • Parásitos de la piel: la conocida sarna (sarcoptes scabiei), o parásitos del vello púbico como la ladilla (phthirus pubis), que suele causar un picor de moderado a fuerte más intenso por la noche.

Ante la aparición de picor vaginal continuado, sobre todo si este no cede tras la aplicación de remedios habituales o si se presenta acompañado de flujos anormales, se recomienda una visita al ginecólogo, para explorar y diagnosticar los síntomas.

 

La exploración consiste en la visualización del estado de la piel y, por consiguiente, de la zona vulvar y vaginal. En algunos casos, ante la presencia de flujo anómalo (en cantidad, olor…), se procede a la toma de un cultivo de una muestra de secreción vaginal para poder llevar a cabo un diagnóstico mas exhaustivo del origen de los síntomas. Posteriormente se dará un tratamiento para eliminar las causas que producen el picor, en ocasiones guiado a disminuir la intensidad de los síntomas como opción principal (por ejemplo, en la infección por hongos).


Menopausia precoz

La menopausia precoz, o insuficiencia ovárica primaria, consiste en el cese de la función ovárica durante la edad fértil antes de los 40 años de edad. Para una mujer joven puede ser una situación muy traumática, ya que conlleva la pérdida de su capacidad reproductiva. Puede llevar incluso a tener sentimientos “negativos” con respecto a su propia imagen corporal y la percepción de su feminidad.

Los ovarios sufren un proceso de “envejecimiento” progresivo desde que nacemos, de tal manera que cuentan con un número limitado de folículos (y por tanto de ovocitos), ya predeterminados desde el primer trimestre de gestación de la propia mujer en el vientre materno, y que en condiciones normales permiten mantener la función ovárica hasta cerca de los 50 años.

  • Escasez folicular: el ovario dispone de una reserva “escasa” de folículos, y por tanto, se presupone de ovocitos.
  • los folículos se “gastan” de forma más rápida a lo normal.
  • Falta de respuesta del ovario a los estímulos hormonales del cerebro.
  • Toxinas que afecten a la reserva folicular (por ejemplo, tratamientos quimio/radioterápicos, cirugias agresivas sobre el ovario..)

En cuanto a la sintomatología que nos lleva a sospechar un fallo ovárico precoz, el más común de todos es la aparición de reglas irregulares y de periodos sin regla (amenorrea). Así mismo, pueden aparecer otros síntomas acompañantes: sofocos, sudoración nocturna, insomnio, irritabilidad, tendencia al llanto, tristeza, falta de concentración, dolores articulares, sequedad vaginal, pérdidas de orina ocasionales, disminución de la líbido, dolor durante las relaciones sexuales (dispareunia). Todos ellos síntomas más típicos de la menopausia (retirada de la menstruación de forma establecida).

 

Existe también un riesgo de osteoporosis y de enfermedades cardiovasculares comúnmente asociados a la menopausia y a edades más avanzadas, por lo que su prevención es muy importante.Hay factores externos que pueden favorecer la aparición del fallo ovárico prematuro, como contaminantes ambientales y, uno de los más habituales, el tabaco. Los hidrocarburos del humo del tabaco (más que la nicotina en sí), pueden resultar tóxicos para la reserva folicular. Por tanto, el tabaco se asocia también con peores resultados reproductivos.

Para su diagnóstico es recomendable realizar una consulta ginecológica en la que se analizará la sintomatología, se realizará una exploración ginecológica con importante valor asociado a la realización de una ecografía vaginal (que permita valorar la reserva ovárica con recuento del número de folículos en los ovarios) y se complementará con un estudio analítico hormonal, tanto de hormonas basales (FSH, LH, Estrógenos) como de la hormona antimulleriana (AMH). También se valorará la necesidad del estudio de función tiroidea (analítica sanguínea determinando TSH y T4) y de la hormona Prolactina, producida a nivel cerebral. Todo este conjunto de hormonas interfiere en la función ovárica, y por tanto, sobre todo en situaciones de mujeres jóvenes con deseo gestacional, aún hace más necesaria su valoración paralela.

 

Acerca de su tratamiento, cada caso es diferente. No es lo mismo en mujeres con fallo ovárico prematuro por estar recibiendo tratamientos coadyuvantes por otras enfermedades (ciclos de quimioterapia), en mujeres jóvenes sin patología conocida y deseo gestacional o en aquellas que ya no desean volver a ser madres y habría que centrarse por tanto en la prevención de riesgos (de osteoporosis y enfermedad cardiovascular/coronaria).

 

Existen tratamientos de terapia hormonal sustitutiva, que pueden disminuir los síntomas asociados a la menopausia prematura producida por la falta de estrógenos, como puedan ser trastornos del sueño, estados depresivos o alteraciones en la esfera sexual.

 

Recomendamos realizar consulta ginecológica para valoración de cada caso de forma individual y ajustar así la terapia más conveniente a cada situación.


Menopausia

En nuestra sociedad a menudo se interpreta la menopausia como un proceso de cambio negativo, contribuyendo a que las mujeres la esperamos con cierto recelo y temor. Pero la menopausia no significa vejez y sobre todo no significa pérdida de feminidad. Es una etapa natural más en la vida de toda mujer.

 

Una mujer que mantenga hábitos de vida saludables, gozará de mejor calidad de vida. Por lo que es importante que cuentes con tu ginecólogo para paliar posibles trastornos y que ante los primeros síntomas inicies prácticas para prevenir las patologías que puede provocar el déficit hormonal, mejorando así tu calidad de vida futura.

 

La edad media de aparición de la menopausia es en torno a los 50 años, la mayor parte de las mujeres tienen irregularidades de la menstruación y síntomas menopáusicos durante unos años antes de la última regla.

Las alteraciones más frecuentes que nos encontramos son los desarreglos menstruales que se manifiestan como ciclos más frecuentes o por el contrario, con faltas. Otra sintomatología muy frecuente son sofocos, sudoración nocturna, irritabilidad, cambios de humor, insomnio, sequedad de la piel o sequedad vaginal. También puede aumentar el riego de padecer osteoporosis o enfermedades cardiovasculares.

 

Esta sintomatología no tiene porqué aparecer completa ni en todas las mujeres. De hecho un 15% no padecen síntomas. La intensidad de los síntomas puede ser muy diferente de una mujer a otra. Solo en algunos casos, cuando las molestias son muy intensas y afectan la calidad de vida, se tienen que tratar médicamente.

Hoy en día tenemos diferentes pautas de tratamiento y distintas presentaciones de los mismos, como comprimidos, geles, parches, etc. que nos permiten adaptarnos mejor a las necesidades de cada mujer.

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